1. El ambiente importa más que el modelo
Una caja camuflada solo funciona si su disfraz es coherente con el ambiente. Una "rejilla de ventilación" en una pared donde no hay ningún otro respiradero llama más la atención que una caja fuerte común. Un "libro" en una casa donde nadie lee es sospechoso. Antes de elegir el modelo, observá tu ambiente: qué objetos abundan ahí naturalmente. Esos son los disfraces que mejor van a funcionar.
2. ¿Qué vas a guardar adentro?
Las cajas camufladas tienen capacidad limitada (su disfraz las obliga a ser del tamaño del objeto que simulan). Si vas a guardar joyas, dinero del día, pendrives o documentos plegados, alcanza. Si vas a guardar armas, escrituras grandes, o cantidades importantes de efectivo, conviene combinar con una caja para empotrar o evaluar una caja oculta tradicional que se esconde detrás de un objeto.
3. ¿Quién más sabe que existe?
Esta es la pregunta más difícil. Una caja oculta es mucho más efectiva si la conoce la menor cantidad de personas posibles. Empleados domésticos, técnicos que entran a la casa, parientes que se quedan a dormir, amistades que pasan: cada persona que sabe es una persona que puede comentar, sin mala intención, en el lugar equivocado. Antes de comprar, decidí quién va a saber. Algunos clientes mantienen la caja en secreto incluso de su pareja o hijos. Eso es una decisión personal y la respetamos.



